El enemigo de lo perfecto

Por extraño que parezca prefiero no escribir si no hago algo perfecto.

Un día sin saber muy bien de cómo esta idea se formo en mi cabeza. Llegué a la conclusión de que para escribir y publicar un artículo tenía que tener más de tres mil palabras y tener detrás horas de investigación.

Así es como yo lo haga, así es como yo trabajo. Hago las cosas bien, sino no las hago.

Y aquí estamos, un año después de mi último artículo, sin nada que enseñar ni nada que recordar.

Y esto es precisamente la peor parte. Cuando escribo hago una fotografía de un momento particular, unos pensamientos, un estado de ánimo, algo único que no volverá.

Como ese término japonés Ichigo ichie que le escuche alguna vez a Héctor García.

De tanto querer ser perfecto, de ser el mejor, de hacerlo bien… nos quedamos sin nada. Nada que decir, nada que leer, nada que compartir.

Y aunque me he cansado de leer en estudios que el maestro lo hace la práctica y no el que se sienta queriendo hacerlo bien la primera vez, sigo no queriendo escribir nada por no tener la energía suficiente de sacar un artículo de cinco mil palabras.

Puede que el problema sea llamarle artículo, esto es un blog, sin más. Uno de tantos. Por qué llamar artículo a lo que escribo y publico. Como si por escribir unos pensamientos le hiciese daño a alguien, como si por publicar trescientas palabras no pudiese dentro de un mes publicar un súper mega artículo porque me sentí inspirado.

Lo que está claro es que esos súper mega artículos nunca llegarán si no empiezo por compartir lo que sea. Así lo hace Seth Godin, que publica cada día, a veces le salen algunas joyas, y otras artículos sin pena ni gloria. Pero la vida es eso, una práctica continua hasta alcanzar cierta habilidad.

Así que, aquí va el primero.